El Panthéon se eleva 83 metros sobre la montaña Sainte-Geneviève en París, una cúpula neoclásica que comenzó como iglesia en 1758 y se convirtió en el mausoleo de la República para ilustres ciudadanos franceses. Se divisa desde varias manzanas de distancia, con su fachada de piedra pálida recortada contra el cielo. En el interior, el aire es fresco y la escala inmensa: las columnas se alzan majestuosas, la luz se filtra por las ventanas superiores y sus pasos resuenan sobre el mármol.
El arquitecto Jacques-Germain Soufflot diseñó la estructura, fusionando la ligereza de la ingeniería gótica con la simetría clásica. La construcción comenzó en 1758 y fue completada en 1790 por el discípulo de Soufflot, Jean-Baptiste Rondelet, tras la muerte del maestro. En abril de 1791, la Asamblea Nacional designó la nueva iglesia como mausoleo para ciudadanos ilustres; el edificio alternó entre función religiosa y cívica durante el siglo XIX hasta su transformación definitiva en panteón laico en mayo de 1885, cuando Victor Hugo fue allí inhumado.
Al acceder a la sala principal, la cúpula se abre sobre usted, vasta y geométrica. Descienda a la cripta y la temperatura cae: corredores abovedados conducen ante sarcófagos de piedra, cada nombre grabado en la penumbra. Si sube a la columnata, París se despliega en todas direcciones, tejados y agujas extendiéndose hasta el horizonte. El péndulo de Foucault oscila en la nave, trazando la rotación terrestre en arcos lentos e hipnóticos.